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14 de mayo de 2026 3:42 pm
México ya vive bajo un régimen de partido de Estado

México ya vive bajo un régimen de partido de Estado

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Por Jesús Ortega Martínez…

En las últimas semanas, México ha sido testigo de hechos que, lejos de ser incidentes aislados, dibujaron un patrón inquietante: el Estado mexicano ha dejado atrás su neutralidad para convertirse en vehículo de un solo interés partidista. No se trata de percepciones ni de acusaciones superficiales; las evidencias son concretas y recientes.

El concepto de “partido de Estado” no es nuevo. Durante casi siete décadas, el PRI fusionó partido y gobierno hasta hacerlos indistinguibles. Hoy, bajo el mando de Morena, resurgen prácticas similares, aunque envueltas en nuevos discursos y banderas.

Para entender el fenómeno, conviene distinguir entre tres tipos de regímenes autoritarios:

. El régimen de partido único prohíbe la existencia de otras fuerzas políticas (como Cuba o Corea del Norte).

. El régimen de partido hegemónico permite otros partidos, pero les impide ganar elecciones mediante el abuso del poder estatal (ejemplo: el PRI en el siglo XX, Venezuela, Rusia).

. El régimen del partido de Estado utiliza recursos públicos (burocracia, presupuesto, medios, policía, programas sociales) para perpetuar al partido oficial, aunque existan elecciones.

México, tras cuatro décadas de alternancia democrática, ha avanzado hacia esta última categoría. Las evidencias son irrefutables:

. El Servicio Postal Mexicano reparte propaganda de Morena, decisión política del Ejecutivo, ningún error aislado.

. Consulados en EE.UU. Enfrenta revisión por activismo político a favor de Morena y la 4T.

. “Siervos de la nación”: miles de empleados federales operan como guardia imperial al servicio de la presidenta, pagados con recursos públicos.

. Medios estatales mantienen una línea editorial militante, anulando la pluralidad.

. En entidades gobernadas por Morena, la policía reprime violentamente a ciudadanos que protestan pacíficamente, mientras protege eventos oficiales.

. El Poder Judicial muestra tendencia a fallar a favor del Ejecutivo; la elección de consejeros del INE confirma la captura del árbitro electoral.

. Programas sociales operan bajo la sombra del condicionamiento: “si no votas por nosotros, se acaba el apoyo”.

Estos hechos no son incidentes aislados, sino piezas de un engranaje: el partido en el poder utiliza el aparato estatal para reproducirse, violando el artículo 134 constitucional que exige imparcialidad.

México ya no es la democracia que conquistó la alternancia pacífica. Morena concentra la Presidencia, el Congreso, la mayoría de gubernaturas, el control presupuestal, el árbitro electoral y la gran parte del Poder Judicial. Esto es un retroceso democrático, un “retroceso democrático” reconocido por los politólogos cuando un partido captura instituciones y usa el dinero público para beneficiar electoralmente.

No hemos llegado a la dictadura perfecta, pero el camino está trazado. Defender la neutralidad del Estado es defender la posibilidad de elegir libremente el futuro. Si permitimos que lo público vuelva a ser propiedad de un solo partido, regresaremos al autoritarismo que tanto costó superar.

La historia no se repite, pero a veces rima. Y en México, la rima suena cada vez más a partido de Estado. La evidencia no miente; la pregunta es si estamos dispuestos a verla.

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