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7 de mayo de 2026 10:24 am
La frontera que pierde empleo

La frontera que pierde empleo

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Por Victor Hugo Celaya Celaya…

En marzo de 2026, México alcanzó un récord histórico de exportaciones: 70,727 millones de dólares, un crecimiento de 27.7% respecto al año anterior (INEGI). Esa misma semana, la industria maquiladora de Nogales reportó la pérdida de 533 empleos formales en un solo mes, acumulando 2,736 plazas perdidas en el último año (IMSS). Las 2 cifras, leídas juntas, cuentan la historia de una frontera que sigue exportando pero ya no genera el empleo que prometió.

Conozco esta frontera. Nací y crecí en el norte de Sonora. Fui presidente de la Comisión de Asuntos Fronterizos en el Congreso, donde trabajé los temas de nuestra frontera norte y sur. Después participé en la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial en los trabajos previos a la firma del TLCAN. Desde entonces tengo una convicción clara: la frontera norte de Sonora es una plataforma estratégica para el desarrollo industrial y exportador de México. Lo fue durante décadas, y todavía puede serlo, pero el modelo que la sostuvo ya no alcanza.

Lo que se logró y lo que se quedó a medias

Hay que reconocer lo que funcionó. Nogales, San Luis Río Colorado y Agua Prieta se transformaron en pocas décadas gracias a la industria maquiladora. Con ella llegaron miles de empleos formales, inversión extranjera e infraestructura logística que les cambió la cara a esas ciudades. Familias y profesionistas encontraron oportunidades que antes no existían en la frontera. La región dejó de depender del comercio tradicional y se integró a cadenas globales de manufactura. México se posicionó como socio industrial estratégico de Estados Unidos en sectores como electrónica, autotransporte, equipo médico y manufactura ligera.

Pero después de 3 décadas, el modelo mostró grietas que hoy explican su fragilidad. La maquiladora evolucionó más rápido que la integración productiva nacional. Muchas plantas operaron con altos niveles de importación de insumos extranjeros y bajo contenido mexicano. Ensamblábamos mucho; desarrollábamos poco. La transferencia tecnológica hacia las regiones fue limitada. Mientras otros países apostaban a la automatización, la inteligencia artificial y los centros de diseño, muchas regiones mexicanas se mantuvieron en el esquema tradicional de ensamblaje.

Al mismo tiempo, las ciudades crecieron más rápido que su planeación urbana, y la presión sobre vivienda, agua, transporte y seguridad desbordó la capacidad de los municipios para sostener el ritmo. El modelo maquilador nunca dio el salto hacia regiones de innovación con energía competitiva, tecnología avanzada y cadenas de mayor valor agregado.

Lo que vive la gente hoy

Las cifras confirman lo que se escucha en Nogales. En enero de 2026, la ciudad ofertaba apenas 200 vacantes en el sector manufacturero. Hace 2 años, en el mismo periodo, eran 1,200 (Index Nogales). La maquiladora representa el 80% de las vacantes de esa ciudad. Cuando ese sector se contrae, la economía local se paraliza.

Lo que uno escucha con frecuencia en estas ciudades fronterizas es preocupación. Trabajadores y familias hablan de pérdida de estabilidad laboral. Antes existía certidumbre en el empleo maquilador; hoy hay temor de recortes, cierres parciales, reducción de turnos y menor contratación. Se percibe un aumento de pequeños negocios informales como mecanismo de supervivencia ante la insuficiencia del trabajo formal. A nivel nacional, la cifra lo confirma: 33 millones de personas trabajan en la informalidad, el 54.8% de la población ocupada (ENOE, marzo 2026).

El aumento en costos de vivienda, energía, transporte y servicios básicos genera presión social en ciudades donde el crecimiento urbano fue acelerado. La gente percibe que la frontera sigue siendo estratégica, pero necesita que el desarrollo económico se traduzca en mejores condiciones de vida y en la seguridad económica que merecen las nuevas generaciones.

Una contracción que enciende alarmas

Estos datos de empleo fronterizo no pueden leerse por separado. El PIB de México cayó 0.8% en el primer trimestre de 2026 (INEGI). Los 3 sectores retrocedieron: actividades primarias cayeron 1.4%, las secundarias 1.1% y las terciarias 0.6%. Cuando una economía muestra bajo crecimiento junto con una informalidad cercana al 55%, el riesgo es que la desaceleración se convierta en un problema estructural si no se ataca a tiempo.

Para Sonora, estado fronterizo que depende del comercio binacional, la señal de alarma es directa. Nuestra frontera vive del dinamismo industrial y manufacturero de América del Norte. Pero la competencia internacional ya no gira alrededor de mano de obra barata. Las empresas buscan regiones con energía competitiva, infraestructura moderna, seguridad, talento técnico especializado y certidumbre jurídica. Si nuestra frontera no evoluciona hacia esa nueva etapa, el riesgo es perder inversiones y empleos frente a otras regiones del mundo.

La revisión del T-MEC en julio añade urgencia. Las declaraciones de Trump sobre una eventual salida del tratado deben tomarse con seriedad. México llega con fortalezas: la integración productiva de América del Norte y la dependencia mutua en sectores como automotriz, electrónica y agroindustria. Pero también llega con debilidades: falta de certidumbre jurídica, política energética poco competitiva y modernización insuficiente de la infraestructura fronteriza. Muchos inversionistas perciben que México ha desaprovechado parte de las oportunidades del nearshoring por problemas internos que frenaron la confianza.

Lo que otros hicieron y nosotros podemos aprender

Hay regiones que enfrentaron situaciones similares y encontraron salida. El Medio Oeste de Estados Unidos perdió millones de empleos manufactureros por la globalización y la automatización. Yo lo percibí de cerca durante mis estudios de maestría en esa región. Ciudades como Detroit, Cleveland y Pittsburgh enfrentaron cierres de plantas automotrices y deterioro urbano. Algunas lograron reconvertirse apostando a tecnología, universidades, innovación y servicios especializados, dejando atrás la dependencia de la industria tradicional.

Otro ejemplo relevante es la integración entre Alemania y Polonia dentro de la llamada “fábrica europea.” Regiones fronterizas que dependían de manufactura tradicional evolucionaron hacia cadenas más sofisticadas, con fuerte capacitación técnica y vinculación entre empresas, universidades y gobiernos locales. Esa transición les permitió mantener competitividad frente al mercado asiático y fortalecer industrias de mayor valor agregado.

La lección es directa: ninguna región fronteriza sostiene su crecimiento con bajos salarios y ensamblaje tradicional. Las regiones que se adaptan son las que invierten en capital humano, innovación, energía competitiva y planeación urbana moderna. La competencia hoy se define por productividad y tecnología.

Lo que Sonora necesita hacer

Sonora tiene una oportunidad estratégica si la sabe leer. Nuestra ubicación geográfica, la cercanía con Estados Unidos y las ventajas energéticas binacionales nos permiten evolucionar hacia la industria de semiconductores, centros de datos, inteligencia artificial, manufactura inteligente y cadenas regionales de proveeduría más profundas.

El futuro de Nogales, San Luis Río Colorado y Agua Prieta no puede depender de la maquila tradicional. Necesitamos acciones concretas: un programa estatal de reconversión industrial que vincule a las universidades técnicas de la frontera con las necesidades reales de la manufactura avanzada; incentivos de infraestructura para atraer inversión en sectores de alto valor agregado; y una modernización integral de la infraestructura logística, energética y urbana de los municipios fronterizos.

El gran riesgo es quedarnos atrapados en un modelo que el mundo ya superó, mientras otras regiones avanzan hacia una nueva generación industrial. La frontera de Sonora sigue siendo estratégica, con la ubicación, la experiencia industrial y la vocación exportadora para respaldar esa afirmación. Lo que le falta es visión de largo plazo y las decisiones que la acompañen.

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