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2 de mayo de 2026 8:17 pm
El precio de entregar a uno de los suyos

El precio de entregar a uno de los suyos

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*El dilema central es entregar a funcionarios a justicia extranjera o asumir costos políticos y económicos por mantener jurisdicción nacional.

Por Hazael Sayavedra.

Durante décadas, México ha cooperado con Estados Unidos en la guerra contra el narco. Hemos entregado información, extraditado capos y permitido que operen en nuestro territorio agentes de 13 dependencias federales estadounidenses. Lo que comenzó como apoyo puntual se convirtió en rutina.

El punto de quiebre llegó con Genaro García Luna. Cuando Estados Unidos condenó a un exsecretario de Seguridad Pública, la cacería cambió de naturaleza. Desde entonces, la puerta quedó abierta para ir tras funcionarios mexicanos.

El método es tan sencillo como arrogante: Estados Unidos emite una acusación en sus propias cortes, en su propio país, para ir por alguien que vive en territorio ajeno. Acumulan evidencia durante años, presentan cargos en Nueva York y luego usan la amenaza económica para presionar por la extradición. El caso de Rubén Rocha Moya sigue exactamente ese mismo manual.

Esta relación es profundamente asimétrica. Mientras las armas fluyen libremente hacia México y la droga hacia Estados Unidos, solo una de las dos direcciones genera persecución. Ahora señalan a Rocha Moya por armas de alto poder que se fabrican y venden en Estados Unidos. Y surge la pregunta incómoda: si entran toneladas de droga a Estados Unidos, ¿quiénes en ese país están siendo juzgados por recibirla y distribuirla? Porque la respuesta es casi nadie.

Pero aquí está la verdad incómoda: el gobierno mexicano ha sido incapaz —o simplemente no ha tenido la voluntad— de investigar, procesar y castigar a sus propios funcionarios corruptos. Esa incapacidad, o falta de voluntad, es la que nos tiene hoy en esta humillante disyuntiva: o entregamos a los nuestros a una justicia extranjera o enfrentamos represalias económicas. Es el precio de haber renunciado a ejercer nuestra propia soberanía judicial.

Por eso, el dilema es tan brutal: o entregamos a los nuestros o arriesgamos una confrontación que difícilmente podemos ganar. Porque, cuando un país empieza a entregar a los suyos, ya dejó de decidir quiénes son los suyos. Ya todos son mercancía de tratado bilateral.

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