Select your Top Menu from wp menus
2 de abril de 2026 7:53 pm
Carta pública a Brenda Quevedo Cruz, víctima del falso caso Wallace

Carta pública a Brenda Quevedo Cruz, víctima del falso caso Wallace

Compartir

*La periodista Guadalupe Lizárraga dio voz a Brenda Quevedo, víctima del caso Wallace, silenciada por el Estado pese a la censura y las amenazas.

Por Guadalupe Lizárraga

Brenda:

Hace once años, tu madre me pidió que investigara tu falsa acusación en el caso Wallace. Nadie les hacía caso. De pronto, a principios de 2014, me vi inundada de documentos desordenados, llamadas telefónicas desesperadas, análisis sin secuencia y presiones constantes de supuestos activistas de derechos humanos —desde Canadá y Francia—, empeñados en imponer una narrativa opuesta a la de Isabel Miranda de Wallace.

Escuché a tu madre, Enriqueta Cruz Gómez, sin prejuicios. Me pidió entre lágrimas que te ayudara. Lo hice sin retardo. Recibí tu llamada en mi residencia en Los Ángeles, California, para dar a conocer tu testimonio y hacerlo público en mis redes. Viajé contigo a través de tu historia. Llevé tu voz al primer Encuentro de Mujeres que Luchan del zapatismo en Chiapas.

Antes de eso, presenté tu caso en Madrid, junto con la activista Nestora Salgado, en Amnistía Internacional España; en la ciudad de Elche, presenté tu caso en el Seminario Internacional de Periodismo de Derechos Humanos Richard Kapuscinski.

En Barcelona, en la Universidad Pompeu Fabra, escucharon tu nombre desde mi voz; y también en la frontera de Baja California, con organizaciones de derechos humanos y medios de comunicación locales, abanderaron tu causa personas íntegras y fuertes como Raúl Ramírez Bahena, Miguel Ángel García Leyva, Juan Pablo Leyva Rodríguez y los periodistas José Pedro Martínez y Manuel Leyva, colaboradores de Los Ángeles Press, además de Alberto Lerner (Arizz Personaje) y Mirella Cuéllar de La Jornada en Baja California, entre otros. Tu madre fue testigo de uno de los dos intentos de secuestro por parte de agentes del Ministerio Público de la FGR, con el alegato de estar dando una versión diferente a la oficial.

“A Brenda Quevedo Cruz, el otro lado de la historia.”

Este libro es el testimonio de una lucha que no fue solo tuya ni mía, sino también de quienes se jugaron su propia libertad y credibilidad para que se supiera la verdad sobre el caso Wallace.

Ahí está César Freyre Morales, quien siempre se refirió a ti con respeto y cariño, incluso en los momentos más duros de los más de diez episodios de tortura que sufrió. Ahí está Jacobo Tagle, quien entregó su testimonio con profunda preocupación por tu vida. Están también los defensores públicos Alejandro Garduño Real —quien tuvo que exiliarse en Estados Unidos por este caso— y Gerardo Manrique López, cuyo compromiso con la justicia ha sido un guía invaluable para entender el fondo jurídico de esta infamia.

Todos pusieron algo. Algunos lo perdieron todo. Y tú fuiste en parte el centro de ese compromiso.

Todo está documentado. Todo tiene fecha y lugar. Imposible no saberlo. De lo que no hay rastro es del trabajo de Ricardo Raphael antes de 2019. Hasta entonces, él ni siquiera sabía quién eras tú, mucho menos que habías sido torturada.

Conservo tus cartas y los significativos dibujos que me enviaste desde la cárcel. Son, para mí, un testimonio del trabajo periodístico que hice, a contracorriente, sin apoyo institucional, enfrentando la censura, las amenazas y el desprestigio por desmontar la ficción del gobierno mexicano.

Hoy, con tristeza, te veo en entrevistas y videos al lado de quienes, hace quince años, te calumniaron y legitimaron los insultos de Isabel Miranda de Wallace. Entre ellos, Ricardo Raphael, que ahora se presenta como defensor de tu causa, mientras lucra con tu dignidad.

Hago pública esta carta para que no se borre la historia ni se silencie el papel del periodismo independiente. Si tu caso salió a la luz, fue gracias al trabajo sostenido de Los Ángeles Press, un pequeño equipo que ha sido mi resguardo, mi fuerza y mi medio para denunciar injusticias como la tuya cuando otros callan.

Fue a partir de mi investigación El falso caso Wallace que México supo de tus torturas y de la de los demás acusados. Hasta entonces, Ricardo Raphael, tu “mentor en mercadotecnia”, ni siquiera se había enterado de lo que tú habías vivido.

Esta carta es para dejar constancia: no borres mi trabajo. No invisibilices el periodismo independiente que, sin condiciones, te dio voz cuando nadie más lo hizo. No es una cuestión de ego, sino de memoria y justicia.

Por la libertad de expresión y por las verdaderas víctimas,Lucho.

Related posts